APENAS ESTABA EMPEZANDO...
Adalber Salas Hernández (Caracas, Venezuela, 1987)
Apenas estaba empezando la adolescencia,
cuando leí en la carátula de un
libro la frase El 18 Brumario de Luis
Bonaparte. No lo compré.
Debo haberme llevado de la librería
algo de ciencia-ficción, seguramente
Isaac Asimov. Sin embargo,
el título se me quedó en la cabeza.
Un brumario sólo podía ser
una antología de la bruma, un volumen
capaz de encerrar toda la niebla
del mundo.
No tenía idea de quién había sido
ese tal Luis Bonaparte, ni me importaba.
Tiempo después lo averigüé
y francamente siguió sin importarme.
Nada más pensaba en aquella bruma
obstinada, redundante, colándose entre los huesos
como artritis. Un espesor desteñido
donde tragedia y farsa compartían
el mismo peso idiota. Una blancura
como una carne triste, húmeda.
Imaginaba que en su interior
andábamos a tientas, convenciéndonos
de saber hacia dónde, sin percatarnos de las ratas,
los insectos mudos e insistentes, las criaturas
de las profundidades oceánicas, que
no han cambiado en millones de años
–los verdaderos dueños de la historia,
sin antecedes, pruebas o linajes,
los herederos de la tierra en toda su aridez:
los que no testimonian
por nada ni nadie,
los que no piden perdón o salvación,
los únicos que saben leer en el brumario
la repetición sorda de la vida.
Comentarios
Publicar un comentario