CARTA A UN ARQUEÓLOGO
Joseph Brodsky (Leningrado, 1940-1996)
Ciudadano, enemigo, niño de mamá,
papanatas, pordiosero, cerdo, refugiado judío, malvado;
un cuero cabelludo escaldado tantas veces
que el mísero cerebro parece totalmente cocinado.
Así es, hemos vivido aquí: en este basurero
de cemento, ladrillos y madera en que ahora
has venido a excavar.
Todos nuestros alambres estaban cruzados, erizados de púas,
enmarañados o entretejidos.
Además: a pesar de que a nuestras mujeres
no las quisimos, ellas concibieron igual.
Agudo es el sonido del pico
que hiere el hierro muerto; aun así, es más suave
que lo que nos dijeron o dijimos nosotros.
¡Forastero! Muévete con cuidado a través
de esta carroña nuestra: aquello que parece
ser carroña a tus ojos es para nuestras células
la libertad. Deja nuestros nombres tranquilos.
No reconstruyas esas vocales, consonantes,
etcétera: no van a sonar como alondras,
sino como un sabueso demente cuyas fauces
devoran sus propias huellas y heces, y ladra, ladra.
Comentarios
Publicar un comentario