ODISEO SE DIRIGE A TELÉMACO
Joseph Brodsky (Leningrado, 1940-1996; desde 1972 vivió en EE. UU.)
Telémaco, hijo,
la guerra de Troya
ha terminado.
Quién fue el
vencedor, no lo recuerdo.
Tal vez los
griegos, es costumbre suya
dejar tantos
cadáveres en tierra extraña…
De todos modos, el camino a casa
resulta tan largo
como si durante
nuestra ausencia
Poseidón
hubiera dilatado el espacio.
No sé dónde estoy,
ni qué hay ante mí.
En esta isla
asediada por la desidia,
por el rastrojo,
por muros sin concluir y gruñidos
de cerdos, hay
una princesa y un jardín desolado,
pedruscos y hierbas.
Amado Telémaco,
todas las islas se parecen
al final de tantos
viajes y la mente
se extravía
contemplando las olas;
los ojos, agobiados
por el horizonte,
se llenan de
lágrimas.
No recuerdo qué
pasó después de la guerra,
ni cuántos años
tienes ahora.
Hazte un hombre, Telémaco
querido,
sólo los dioses
saben si volveremos a vernos.
Ya no eres el niño
de entonces,
¿recuerdas que me
veías enfrentar a los toros?
Si no hubiera sido
por Palamedes, estaríamos juntos.
Pero acaso tenía
razón, sin mí
te has librado de los males de Edipo,
y en tus sueños ignoras el pecado.
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