BAJORRELIEVE ASIRIO
Luis Alberto de Cuenca (Madrid, 1950)
Los asirios basaron su sistema de gobierno en
la crueldad y el terror. Asiria nunca dio nada a
cambio de los tributos que imponía: ni una
administración, ni una cultura, ni siquiera
seguridad; tan sólo miedo. Cuando Nínive, la
«madriguera de los leones» de la Biblia, cayó, en
625 antes de Cristo, todo el Creciente Fértil respiró
aliviado. Nadie lamentó su destrucción. Nadie se
preocupó de reconstruirla. Nínive fue abandonada
para siempre, e incluso se perdió la memoria de su
asiento (José Pijoan, 1948)
Les gustaba matar, deportar muchedumbres,
empalar, cortar cuellos y levantar pirámides
de cabezas cortadas, incendiar las cosechas,
desollar a los hijos de los reyes rivales
y clavar sus pellejos en las torres más altas
de sus propios palacios, saquear las ciudades
rebeldes y cegar el cauce de los ríos
con pilas de cadáveres...
Y, sin embargo, cuánta enorme y delicada
belleza y cuánta vida terrible y fascinante
puede uno encontrar en las salas asirias
del Museo británico. Yo cambio todo el arte
occidental del siglo XX por uno solo
de esos bajorrelieves que hacen hervir la sangre.
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