CABEZA DE NIÑO EN MUSEO
Hester Knibbe (Harderwijk, Países Bajos, 1946)
Primero fui yo y después
mi figura. Mientras el maestro
me modelaba, yo jugaba
Endurecido en el fuego, me volví
frágil y permanecí como de piedra
en la chimenea de mi siglo. Luego
llegó la hora de caerse
y de quebrarse; hecho añicos
también yo morí, desaparecí. Hasta que
en otro tiempo, con mil
malabarismos, una mano diestra
supo darme nueva vida. Pero
nunca quedé sano; atraviesa
siempre imborrable mi vieja cara
esa raya que jamás se olvida.
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