Miguel Torga (São Martinho de Anta, Portugal, 1907-1995)
¡Noche tremenda aquella! ¡El mar ya se tragaba la carabela como la vomitaba, desmayada! ¡En el abismo del cielo ni una estrella! ¡Y la cruz de Cristo, agonizante en la vela, sudaba sangre impotente!
La furia ciega de un tifón rabioso venía del oscuro Tenebroso y arrastraba la quimera del combés… El mástil grande que Leiría dio era un hombre de pino, y cayó cuando un rayo lo abrió hasta los pies…
Nuevo guardián del rumbo de la nación, el piloto guiaba la perdición como un padre los destinos de su hogar… Hasta que vio su hogar caer… Hasta que al padre le tocó también la vez de elevar su oración y descansar…
El gaviero sin gavia, desde esa altura que el alma alcanza a ras de la sepultura, aún miró desafiante la bruma… Mas la Sirena Negra, que cantaba en el corazón del mar, tanto llamaba que él le dio su mirar cansado y frío.
El naufragio se extendió al mar entero. Y el cuerpo de un héroe, primer cruzado por la unidad de la esfera, sobre el lomo frío de una ola airada, mandó a los muertos, alzando la espada, luchar por mantener a flote el sueño.
(Pinhal de Leiria es un bosque portugués).
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