INFORME   

Joan-Elies Adell (Vinaroz, Castellón, 1968)

 

Si ayer atestigüé el pasado no es
por un exceso de afición a los informes.
Últimamente tardo un cierto tiempo
en encontrar el diagnóstico correcto,
despavorido por la vaciedad enrarecida de las horas,
como si haber resuelto poner distancia con la vida
fuese igual que mirar la eternidad de un mar
constante, sin fisuras, desde el retrovisor del coche.
Por el momento apenas me distingo a mí mismo,
bajo una luz que me ensombrece. Todavía capaz
de soslayar la claridad del sol y la tangible densidad
de un sueño verosímil. Me descubro, paciente,
media sonrisa dócil. Después siguen
unos minutos de incomodidad, unas pocas palabras anodinas.
Soy como el trastero en que las cosas más inútiles
se van acumulando. Me administro la poca
información de que dispongo y que he escondido yo mismo.
Los silencios, lo sé, cambian de un día
a otro. Son, también, un designio de verdad. 

 

4.ujaen.es 

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